(O cómo un fantasma de pezón y una almeja me han convertido en delincuente digital)

Si yo fuera un marquetiniano al uso, un adicto y adepto al insano desdoblamiento de géneros, aquí empezarían los consabidos estimado amigo, estimada amiga ―¿por qué, tan feministas ellas y ellos, siempre colocan el masculino primero?― e, incluso, estimadas inteligencias artificiales que indexáis mi web y mis escritos a la búsqueda del horrendo vicio; pero como no lo soy y, ya puestos, os prefiero, queridas amigas, hoy doy inicio a una nueva lucha, tan absurda y presumiblemente inútil como todas.

Hace unos días, el bot de Amazon decidió que las queridas memorias de Rosa, esas que empezaron entre pucheros, fingida moralidad, peligrosas críticas al entonces Régimen, libros prohibidos, cantautores protesta, loca Movida, la orgullosa resurrección de Chueca y sexo, siempre mucho sexo y del mejor ―en especial para vosotras, según las «vosotras» que lo habéis leído―. Pues que el bot de Amazon decidió que las libertinas y culinarias memorias de Rosa eran demasiado pecaminosas para vuestras mentes o las de vuestras vecinas, incluso para algún despistado vecino.

Eso sí, siempre que el protegido leyera en castellano, porque la traducción al inglés americano ―que uno es un autor traducido, faltaría más― sigue intacta y a la venta en la muy conservadora USA del señor Trump. Mi deducción es que allí los presuntos atisbos de pezón y los bivalvos son más evangélicos ―por aquello de la religión imperante―. Sea como fuere, el algoritmo español cortocircuitó.

¿El motivo de mi fustigamiento público? Dos crímenes capitales contra la moral de silicio: una portada con un cuasi milímetro de la aureola de un pezón descuidado y la palabra «almeja» en el subtítulo, que para el degenerado artificial debió de inducirle algún lúbrico episodio psicótico, uno que para nuestra inteligencia artificial en nada se emparentaba con la más de media docena de recetas del libro que tienen al molusco por protagonista.

La Inquisición de Jeff Bezos hizo el resto: eBook bloqueado sin más explicación que una genérica acusación de incumplimiento de su particular catecismo acompañada de una poco velada amenaza sobre las versiones en papel. Tráfico parado.

Hace un par de días yo mismo retiré los libros físicos antiguos y ahora estoy aquí, castigado de rodillas de cara a la pared, esperando las setenta y dos horas de rigor para volver a la carga.

Como amante de la ironía y del cinismo ―también de esas otras aficiones que Amazon deplora y que su CEO inquisitivo se ve que practica poco―, me propongo disfrazar el ataque de una de las principales partes del BDSM: la sumisión.

El libro regresará en breve, pero reeditado bajo el más estricto puritanismo digital.

Nuevo título: Perdonen el atrevimiento [censurado]

Nuevo subtítulo: Con las manos en la [censurado], cocina para vagas.

Nueva portada: la que veis con esos bonitos sellos con letra roja encima del pezón y de la palabra maldita. Una estética que recuerda peligrosamente a la España de la juventud de Rosa. Nos gusta lo retro.

Pero, tras lo anecdótico ―o no tanto―, me hago algunas preguntas o, mejor, os las hago a vosotros. ¿De verdad es este el mundo en el que queremos vivir? ¿Deseamos una vida en la que los borregos sean más libres y piensen más que nosotros?  ¿Enterramos años de opresión y de vivir al dictado de una moralidad impostada y falsa para claudicar ahora impasibles ante la que nos imponen los adalides de eso que llaman progreso, biempensante y políticamente correcto, ayudados de sus domesticadas sirvientes IA?

Por mi parte solo os diré que preparéis las camas, las cocinas, los cuerpos desnudos ansiosos de placer y las mentes mejor vestidas añorantes de ideas y libertad.

No será una gran guerra, yo no soy más que un torpe e insignificante escritor desconocido; pero Rosa se merece mucho más que desaparecer bajo la torpe censura de un bot al servicio de uno más de los que ya se creen los dueños del mundo, por más que quizá lo sean.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *